El Tiempo del Recuerdo

Dicen que cuando estamos viviendo algo no podemos ver el aprendizaje que ha supuesto hasta un tiempo después (si paramos para “verlo”, claro).

Esta semana santa he parado. Y he podido darme cuenta el regalo que me ha traído esta pandemia. Lo digo con todo el respeto porque sé las muchas personas que la sufren y las muchas vidas que se han perdido. Pero para mí ha sido un regalo.

Ha sido el Tiempo del Recuerdo. He recordado cómo ver y escuchar a la Tierra de otra forma. He recordado el espíritu sagrado del agua. He podido entender por qué hace un año comenzó a gestarse en mis aguas sagradas la “YakuMama. La Voz Recobrada”.

Hoy puedo ir dándole sentido a muchas de las cosas que viví y sentí hace un año. Tuve que atravesar el miedo y la neurosis que se me disparó. Pero hoy puedo recordar y así entender para qué recobro mi voz.

Alzo mi voz y la pongo al servicio de la Gran Madre, el eterno femenino, para que la semilla que siembro germine y ayude a otras mujeres a recordar lo que tiene que ser recordado y entre tod@s podamos crear una Nueva Tierra donde el Amor, y no el Miedo, campe a sus anchas.

DÍA MUNDIAL DEL AGUA. De una tesis doctoral a la YakuMama

Un día como hoy, Día Mundial del Agua, defendía mi tesis doctoral sobre gestión del agua. Hoy sé que más allá de la “gestión” está el “cuidado” del agua; hoy sé que el agua no es solo un factor productivo, ni un activo ecosocial siquiera, mucho menos un activo financiero que puede cotizar en bolsa, como nos hacen creer.

Veinte años después de aquella defensa que me costó una enfermedad, puedo entender, entenderla, entenderme. Aprender de ella y con ella. Es un regalo.

Hoy sé que el agua es emoción, es contención, es flexibilidad… es humildad… Hoy sé que el agua es la sangre, es la madre, es la YakuMama. La Madre Agua, la de tod@s, la de todo.

Celebremos este día, que no se nos pasé. Honremos a la Madre Agua.

Hoy quedo conmigo

El proceso terapéutico no es un ir donde el/la terapeuta a buscar recetas fáciles y rápidas que salgan de el/ella. Es un encuentro conmigo misma donde el/la terapeuta, con toda su presencia, paradójicamente, se diluye para que ese encuentro de mí conmigo tenga lugar.

Y cuando por fin me siento conmigo, me escucho, me veo, me reconozco… me acompaño; y dejo de pedir que se sienten conmigo, que me escuchen, que me vean, que me reconozcan, ya no me hace falta el reconocimiento externo porque ya me lo doy yo.

Hoy quedo conmigo… con quién mejor?

La “violencia” en la universidad… Aún hay esperanza

Llega a consulta una mujer joven, estudiante de doctorado. Quiere terminar su tesis pero hay algo que no la deja avanzar.

Un dolor profundo la guía, un dolor que le habla de violencia… y se da cuenta que es la misma violencia que el sistema académico ejerce sobre ella; y es la misma que ella ejerce sobre si misma…

Cuando escucho, una y otra vez, cómo en este Laberinto de la Academia vivimos bajo tanta violencia, se me encoge el corazón. Y al mismo tiempo me recuerdo, una y otra vez, que en la Universidad podemos estar de otra manera, podemos humanizarla, podemos humanizarnos.

Cuando acaba la sesión, la estudiante deja escapar un tímido “esto me da esperanzas”. Y mi alma sonríe… sí, aún hay esperanza…

A vueltas con el Patriarcado… también en la Terapia… Reconociéndome valiosa por lo que soy

El otro día tuve una sesión que me resultó muy difícil de sostener. Una paciente con la que ya había trabajado hacía más de dos años y que hizo un proceso sanador, me volvió a llamar para retomar las sesiones y trabajar algo que quedó pendiente. Llevábamos trabajando en este segundo ciclo 14 sesiones y un día me escribió porque quería tener una última para cerrar. Me sorprendió.

La paciente estaba muy enfadada. Se había informado de qué era esto de la Gestalt y de las Constelaciones Familiares y se había dado cuenta de que eran unas “pseudociencias” y una “estafa”. Eso me dolió, tanto o más como que me lo dijera a mí personalmente. Huelga decir que en el encuadre le había explicado quién era yo y mi forma de trabajar. Lo hago siempre.

Más allá de la sesión con esta paciente, me doy cuenta cómo aún el hecho de que me cuestionen a mí y mi forma de trabajar me desequilibra, me hace cuestionarme. Es lo que siempre viví en la Academia, la necesidad de la validación de mi persona y mi trabajo con baremos patriarcalizados, esos que solo valen si el trabajo es “racional”, lineal, objetivo y según los cánones de la “oficialidad”.

Me dolió que llamara a la Gestalt y a las Constelaciones pseudociencias porque ya sabemos el ataque que están sufriendo por parte de esa “oficialidad”. Hoy veo que aún me duele. Pero ya no me justifico. Entiendo que no a todo el mundo le pueda valer esta forma de trabajar y lo respeto.

En mi trabajo terapéutico, más allá de la base que me dio la Gestalt y el complemento de las Constelaciones Familiares, me entrego yo, la que soy hoy, con mis luces y mis sombras. Acompañando con amor y respeto, como hago conmigo. Porque mucho daño me hice al no respetarme y darle más credibilidad a lo que otros decían de mí. Mucho daño me hice al necesitar la validación del otro. Me doy cuenta que en la Terapia como en la Academia sigue predominando con mucha fuerza el patriarcado más rancio, el más estrecho, el que más daño hace, el que trata de callarnos.

Hoy, con algo más de calma, veo cómo ese patriarcado se cuela por cualquier rendija haciéndonos creer que aquello que va más allá de lo puramente racional, de que aquello para lo que la Ciencia no tiene explicación, es pura estafa. ¿Pero cómo explicar racionalmente lo que no lo es? Me doy cuenta cómo lo que no se entiende, se critica, se ataca, se desprecia, se minusvalora… no solo en la Academia, también en la Terapia.

Hay muchas cosas a las que la Ciencia convencional aún no alcanza. No por eso dejan de ser valiosas. Seguiré con mi trabajo, entregándome tal cual soy. En la Academia y en la Terapia. Seguiré dándome con Amor y Respeto, recobrando mi voz y reconociéndome valiosa por lo que soy.

“La gran revolución es que las mujeres recuperen la voz”

Imagen tomada del artículo de Paula Albornoz

Llevo un tiempo, concretamente desde el mes de mazo 2020 en el que nos confinaron, en el que estoy trabajando de forma consciente en recobrar mi voz. Porque han sido muchos años los que las mujeres llevamos silenciando nuestra voz, ya va siendo hora de que la alcemos y lo hagamos de forma consciente, desde lo más amoroso y sagrado que hay en nosotras. Solo así podremos construir entre todas una Tierra Nueva.

En este sentido va el interesante artículo de Paula Albornoz que animo a leer pinchando aquí.

Con tiempo para el Asombro…

Cuántas veces voy corriendo, sin parar, sin ver… sin tiempo para el asombro. Y otras, como hoy, disfrutando de un hermoso paseo con las perras, disfruto del barro que no es más que el agua fundiéndose con la tierra. Y me agacho, y miro, despacio, como sin querer incomodarlas… y allí las encuentro… tras la lluvia, enganchadas, reposando, brillando. Y recuerdo que hay otra manera de mirar… con tiempo para el asombro!

“Gracias por hacernos sentir”

¿Cómo hacerlos conectar con sus emociones a través de una pantalla? me preguntaba una vez más al comenzar ayer las clases de Máster. Y una vez más me doy cuenta que la única forma es “conectando yo con las mías”. Cuando me permito ser, sin vergüenza, sin miedo, no hay pantalla negra que me impida entregarme. Termino después de dos días, con una sonrisa en el alma cuando un estudiante se despide diciéndome: “Gracias por hacernos sentir”.

Me parece fundamental incluir las emociones en el aula… sin ellas, qué somos?

No todo está perdido…

Junto a la pésima noticia de que el AGUA comienza a cotizar en los mercados de futuro en Wall Street, que ha hecho que se me retuerzan las tripas, he recibido un correo de un ex-alumno de Ciencias Ambientales, al que le dirigí su Trabajo Fin de Grado el curso pasado. Ahora está cursando un master y está planteando su Trabajo Fin de Master y me cuentas sus diferentes ideas. Su correo termina diciendo:

“En resumen, muchas ideas y todas aún en el aire. Lo que tengo claro es que quiero poner mi granito de arena y todo gracias a la pregunta que nos hiciste repetirnos una y otra vez en clase: Y yo, ¿qué puedo hacer?

En ello sigo y espero seguir mucho tiempo, en preguntarme qué puedo hacer y cómo puedo llegar a conseguirlo”.

Y días como hoy, con las tripas aún revueltas, correos como este me alegran el alma y me hacen sentir que no todo está perdido…