La mentira en la que vivimos… Una más…

El sistema para fomentar la «Excelencia» universitaria pasa por publicar en las «mejores revistas académicas», tales como American Economic Review, Econometrica y otras tantas. Y podríamos preguntarnos ¿»mejores» para quién? ¿Quién ha definido los índices de impacto que hacen «mejores» a esas revistas y no a otras? El artículo de Vicent Navarro que dejé en una entrada anterior responde con rotundidad a estas preguntas.

Pero por si no fuera suficiente, podríamos preguntarnos, ¿Para qué sirven esas revistas? ¿Los artículos publicados son de utilidad para resolver los problemas del siglo XXI? The Economist publicó el 23 de marzo un artículo revelador, recogido por David Ruccio, profesor de Economía de la Universidad de Notre Dame (Indiana, USA), para hacer una interesante y valiente reflexión en su blog, en el que da respuesta a estas preguntas. El resumen, citando al propio Ruccio, «estas revistas, como la guerra, no sirven para nada«.

Libertad de pensamiento

El artículo de Emilio Lledó publicado en Público el domingo pasado, «La corrupción mental es peor que la económica», plantea lúcidamente cómo el Plan Bolonia es un paso atrás en la educación universitaria pues hace al estudiante menos libre. Según el filósofo, «la libertad de expresión no tiene sentido si no hay antes una libertad de pensamiento». Y me pregunto, ¿Dónde podemos encontrar esa libertad de pensamiento si no es en la Universidad? Y sigo dándole vueltas y vueltas al mismo tema… y me quedo intranquila, por lo que estamos haciendo en la Universidad en aras de una Excelencia y una Objetividad de la Ciencia (todo con mayúsculas, ojo!) que, desde la más absoluta «consciencia», va en contra de la libertad de pensamiento.

La «Excelencia»… ¿Qué es la excelencia?

¿Cuál es el papel de la Universidad? sigo reflexionando en torno a esta pregunta y hoy me encuentro con el titular «La búsqueda de la excelencia» (Marius Rubiralta, El País, 20 febrero 2011). Y comienzo a leer pensando, ilusa de mí, que el Secretario General de Universidades del Ministerio de Educación, tendría algo diferente que decir. Nada más lejos de la realidad.
Habla de la búsqueda de la «excelencia». Ahora todo ha de ser excelente: «excelencia docente, excelencia investigadora, excelencia en innovación…». Y sin embargo, si preguntaramos ¿Qué es la excelencia? probablemente la pregunta se quedaría sin respuesta…

Samuelson y las matemáticas

Me ha sorprendido leer en un artículo de El País que Paul Samuelson, Nobel de Economía en 1970 y recordado por su «matematización de la economía», en una de las últimas entrevistas que dio a mediados del 2009 (poco antes de fallecer), cuando le preguntaron qué qué le diría a alguien que empezara sus estudios de economía, Samuelson fue tajante: «nada de matemáticas».

He buscado la fuente de esta afirmación pero he sido incapaz de encontrarla. Si alguien conociera la citada entrevista, agradecería me la hiciera llegar o bien como comentario a esta entrada o directamente a mi correo: evelalo ARROBA. upo.es

Si, efectivamente, Samuelson realizó esta afirmación, ya va siendo hora de que se publique en portada y en mayúsculas. Ya va siendo hora de que se reconozca la evolución de un Nobel…

 

Sin tiempo para pensar

En el País Semanal de hoy se publica un interesante artículo de Karelia Vázquez, «Sin tiempo para pensar» (que he sido incapaz de encontrar en la edición digital) en el que se plantea que la era digital, internet y las mútiples tareas que hacemos al mismo tiempo nos dejan sin tiempo para pensar y están mermando esta facultad. ¿Quién no tiene encendido el correo electrónico mientras «trabaja»? ¿Quién no siente la imperiosa necesidad de responder cualquier correo entrante de forma cuasi-inmediata? ¿Quién no tiene abierta varias ventanas y entra y sale de ellas compulsivamente?

David M.Levy, profesor de la Information School de la Universidad de Washington, afirma que «necesitamos una ecología de la información para luchar contra las formas agresivas de polución mental que afectan a nuestras vidas».

Sintiéndome completamente contaminada por tanta polución mental, necesito «tiempo para pensar»…

 

También la lluvia

La última película de Itziar Bollaín, «También la lluvia«, es algo más que una película. Al margen de la crítica cinematográfica, de Goyas y Óscars, me gustaría resaltar cómo la película es capaz de reflejar que el colonialismo no ha terminado; sólo ha cambiado de nombre. Antes era Cristobal Colón, ahora son las grandes multinacionales, como Bechtel. Antes era la guerra por el oro, ahora la guerra por el agua. No sólo nos apropiamos de sus recursos y de sus tierras, sino «tambien la lluvia» es apropiada por las grandes multinacionales. La película pone encima de la mesa un conflicto que no por viejo está superado; un conflicto que sigue hoy más vivo que en el siglo XV.

Además, habla de Amistad y de Compromiso, dos valores tan escasos como necesarios en estos tiempo. Una película que hay que ver y sentir.

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