Cómo nació YakuMama

YakuMama nació, posiblemente, el día que falleció mi abuela materna: el 11 de abril de 2007. La madrugada anterior soñé con ella, con mi abuela: «¿Que haces aquí, abuela?» le pregunto al verla sentada al lado de mi cama y cogiendo mi mano derecha entre las suyas. «Hija, yo ya estoy muerta. No tengas miedo, esto da una paz muy grande». Fin del sueño.

Me desperté. Eran las 7 de la mañana. Contrariamente a lo que habría esperado, no sentía miedo; en su lugar, una sosegada paz me embargaba junto al profundo dolor que me daba la certeza de que mi abuela se moría. Falleció la madrugada siguiente a las 7 de la mañana.

De ella heredé la conexión con el mundo transparente, ese que no vemos pero sabemos que existe; ese al que todos tenemos acceso si nos quitamos el yugo de la mente racional. Ella lo vivía de una manera natural; yo, fundamentalmente, a través de los sueños. Sin embargo, a pesar de saberlo, a pesar de que mi abuela me lo dijo, el miedo y el sistema académico, racional y patriarcal, se imponían convenciéndome de que lo mejor era callar.

Pero ha llegado el momento de recobrar la Voz…

Era junio 2019, me acababa de mudar con Rafa, mis perras, Nerta y Bagheera, y mis dos gatos, Hakuna y Matata, a una preciosa casa en el aljarafe sevillano, rodeada de grandes y viejos olivos, tierra, agua, pájaros… me sentí «en Casa» nada más llegar. En plena mudanza tuve un sueño en el que escuché «Yakumama-y-Yakumama-y»… Eran voces de mujeres que cantaban al ritmo de tambores… «Yakumama y-Yakumama-y»… Pero aquel sueño se extravió entre tantas cajas, sin tener ocasión de pararme a escucharlo.

Al mes de mudarme, hice un intenso taller de Tambor y Voz que fue para mi todo un descubrimiento. Nunca me había atrevido a cantar y allí, al ritmo de amorosos tambores, recobré mi voz, tantos años silenciada; y recuperé mi ritmo, descubriendo que no era otro que el ritmo de la Tierra. Cuando volvía de aquel taller sabía que no había sido uno más. Lo que no sabía entonces era lo que se había despertado dentro de mí.

Al retomar la consulta tras el verano, uno de los pacientes al que por entonces acompañaba me trajo la memoria emocional que le había pedido. Aquel fin de semana de finales de septiembre, a la sombra del majestuoso paraíso del jardín, estaba enfrascada en su lectura cuando una frase hizo que se me erizara la piel, sin entender «racionalmente» qué me estaba pasando: «¡No tener voz (…) es una auténtica pesadilla!». Fue leerlo y recordar de golpe un sueño que tuve por primera vez unos meses después de fallecer mi abuela, y que aún, trece años después, sigo teniendo.

Fue tal el impacto que aquello me causó que desempolvé mis cuadernos de sueños y empecé a revisarlos con idea de recuperar aquellas repetitivas pesadillas y tratar de encontrarles algún sentido o alguna relación. Al hacerlo, pude ver que los escenarios cambiaban pero el fondo era siempre el mismo: quería hablar y no podía, quería gritar y no podía. También pude darme cuenta que en aquel primer sueño aparecía mi abuela, y me sorprendió que siguiera apareciendo en muchos de ellos. Siempre despertaba sobresaltada, generalmente tratando de hablar. Y llevaba soñando aquello ¡¡trece años!! ¿Qué tenía que ver mi abuela con aquella pesadilla? ¿Qué tenía que ver mi abuela con no tener voz? ¿Y qué tenía yo que ver con todo aquello?…

Meses después, en pleno confinamiento por el Covid-19, impartí una hermosa clase de master, hablando del agua y navegando junto aquell@s estudiantes, a los que únicamente me unía una pantalla, por unas profundidades que nos llevaron a vivir una bella experiencia en torno a la espiritualidad del agua. Algún tiempo después, una de las estudiantes me mandó un audio de voz. Hablaba del agua, de cómo se formaba el arcoíris cuando una mano de mujer, la suya, la atravesaba… y nuevamente se me erizó la piel y bastó ese corto audio para que entrara en ebullición lo que llevaba un año (seguramente muchos más) gestándose. Recordé las manos de mi abuela a través del agua de la manguera con la que, en su precioso jardín, regaba sus flores mientras se formaba el arcoíris; recordé haberlo visto también sobre las Cataras Victoria, el más espectacular que jamás he visto; recordé la memoria emocional de mi paciente diciéndome «No tener voz es una auténtica pesadilla»; recordé mi pesadilla recurrente… y recordé aquella palabra olvidada, aunque a menudo recordada, que escuché en uno de mis sueños durante la mudanza: «Yakumama-y, Yakumama-y». Con la adrenalina que me producen este tipo de sincronicidades, e intrigada por aquel rítmico y, lo que a mí se me antojaba, ancestral canto, me dispuse a buscarla en Internet. ¿Qué significaba aquello? La pantalla me devolvía: «La YakuMama es la Madre Agua (en la lengua Quichua). Es nuestro punto de origen y de retorno«.

Llevaba entonces 30 años de mi vida académica trabajando, enseñando e investigando el agua a través de los libros. Ahora se me presentaba en forma de canto de mujeres, rítmico y ancestral… La YakuMama, la Voz del Agua, la Voz de mi abuela, la Voz de las mujeres tanto tiempo silenciada… y supe que tenía que recobrar esa Voz. Así nació «YakuMama. La Voz Recobrada».

Todos estos acontecimientos han sido para mí como los brazos de un mismo río; cada uno tiene su origen en un lugar y un momento diferente; sin relación aparente. Y hay un espacio-tiempo en el que confluyen, dándole sentido a lo que parecía no tenerlo: todos retornan al Origen, a la YakuMama.

He seguido trabajando mis sueños, esos que son del alma, y he podido ver que este proyecto personal tiene un PROPÓSITO más allá de lo puramente individual: poner al servicio lo que soy, lo que voy recordando, lo que voy recobrando, no volver a callar; dejar que fluya lo que se despertó en aquel taller de Voz y Tambor, y hacerlo con la humildad de la YakuMama y así acompañar a otras personas a recobrar su propia voz para que entre tod@ podamos crear una Tierra Nueva, donde el Amor, la Armonía y la Cooperación sean los faros que nos guíen .

Sé que este relato te puede sonar extraño. He tratado de ser fiel a cómo se desarrollaron los acontecimientos, de una manera lineal. Pero sé que todo esto no se ha desarrollado linealmente, sino siguiendo un recorrido en espiral que me resulta difícil traducir a un lenguaje sencillo y comprensible… Si lo piensas, puede que no tenga sentido. Si te desprendes del yugo de la mente racional y lo sientes, tal vez se lo encuentres…

Te espero en YakuMama para recobrar la Voz…