Alzando el vuelo, alzando la voz

Voy conduciendo para Baeza. Al llegar a la pronunciada bajada que llega a Córdoba veo decenas de cigüeñas posadas sobre la verde loma. Voy escuchando música, aleatoriamente, y en ese momento salta una canción de Alberto Cortez y lo escucho recitar “solo eleva su vuelo quien abre bien las alas”. Giro la cabeza y veo cómo las cigüeñas, unas tras otras, todas, abren bien sus alas, alzando el vuelo. Es todo un espectáculo. No solo la belleza del blanco y negro de las cigüeñas sobre la tierra verde y el azul del cielo, sino la maravillosa sincronicidad que se acaba de producir. Y sé que ya es el momento de abrir bien las alas y alzar el vuelo. Es el momento de alzar la voz!

Todo está relacionado…

Salir a dar un paseo tras varios días de intensa lluvia y encontrar estas «perlas», me hace recordar que todo está relacionado: el agua, el corazón, lo sagrado…

Solo tenemos que mirar con los ojos abiertos y el corazón agradecido; atrevernos a ver lo que a veces nos pasa desapercibido si no prestamos atención. Y hoy, este recordatorio me hace respirar profundo… Es por aquí… no te despistes, parece decirme!

Ligereza…

Hace mucho tiempo que sé que la magia existe. Pero lo «increíble no es que me pase, sino darme cuenta». Mientras me tomo uno de mis «platos» favoritos en Blanco Cerrillo, un bocata de boquerones (fue mi madre quién me lo descubrió, como tantas otra cosas), un grupo de simpáticos griegos me «arrinconan» sobre uno de los barriles de la esquina. Ellos parecen no darse cuenta que estoy allí, mientras el camarero se desvive por explicarles qué es eso del «adobito» y la «pavia». Yo estoy divertida, escucho la conversación en un spanglish traducido al griego que solo ellos entienden. Y entre tanta distracción uno de ellos me pide disculpas por tanto atropello… Me preguntan por el bar, les explico, me divierto… y así, sin querer más que un bocata de boquerones, me encuentro entre ellos y ellas, que me explican que es su ultimo día en Sevilla tras una exposición de trabajo. Fotos, risas, ligereza, diversión, y me dejo contagiar de ese «último día»… Antes de irse me dejan su tarjeta y un llavero. Un precioso regalo que me recuerda que la Vida me cuida y me sorprende; estos son los momentos que la vida me regala; que también es ligereza, sin tanta intensidad, solo dejarme sorprender. Un lugar al que ir… un viaje perdido… el de Ulises, el que anhela llegar a casa… Una señal? Tal vez…

Las hojas caídas…

“ PREGUNTAS

Sufro una tristeza de hojas
que el viento bate contra la puerta cerrada.

Es el otoño y se hace remolinos la hojarasca.
Como si todos los días vacíos de la vida
se apilaran en el jardín crujiendo su desperdicio.

Recuerdo la pasión.
El tiempo cuando lo prohibido o lo imposible
me tentaba.
Cuando saltaba sin red
o entraba a las jaulas de las panteras
pensando en domar la vida
o darle un curso nuevo a la historia

El tiempo del deseo no conoce el recato
mucho menos la prudencia.

Ante mi ventana la brisa deja las ramas
avergonzadas en su desnudez.
Llega el momento en que uno acepta el despojo?
Salir al patio, barrer las hojas caídas y prepararse para el invierno?
Cuántas estaciones alcanzan en una vida?
Cuántas hojas muertas?”

Poema de Gioconda Belli, en “Mi íntima multitud”, que leo después de barrer las hojas caídas…💚

No me sale la voz

grito

Desde hace años, tantos como murió mi abuela materna, tengo un sueño que se me repite: no me sale la voz. El escenario, el contexto, las formas, todo es distinto, pero el fondo siempre es el mismo. Hago grandes esfuerzos porque mi voz salga, sin conseguirlo. Hoy, 12 años después, este sueño que durante tanto tiempo ha sido «una auténtica pesadilla» cobra sentido: hoy puedo ver que solo en el SILENCIO podré escucharla, hoy se convierte en mi mejor maestra… En mi mejor maestro… GRACIAS…

 

(Imagen: Pinterest)

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